Para la segunda mitad del siglo XVIII todos los terrenos circundantes al río Anauco y los de la quebrada de Gamboa, en las afueras de la ciudad de Caracas, eran simples zonas de cultivo sin ninguna edificación importante. Sólo a finales de este período, el capitán don Juan Javier Mijares de Solórzano y Pacheco, biznieto del conde de San Javier y nieto del primer marqués de Mijares adquirió allí un terreno ribereño e hizo construir una lujosa casa campestre, destinada al recreo, al descanso de su familia y allegados, cuyos trabajos de construcción debieron terminarse durante el curso de 1797.
A partir de entonces, el inmueble fue conocido con el nombre de "La Casa de Solórzano", donde además de utilizarla con fines de recreo, Don Juan Javier tenía allí una huerta, algunos animales y una siembra de café. La casa fue dejada en testamento a su esposa María Gerónima de Tovar y después de su fallecimiento a su hijo, Miguel Mariano Mijares, quien la utilizó como casa de campo, residiendo en ella durante las pascuas, festividades y como refugio durante las epidemias.
A raíz del reestablecimiento del gobierno patriota, en 1821, la familia, temiendo por su seguridad personal, emigró a la vecina isla de Curazao. Según ley dictada entonces, los bienes fueron secuestrados y pasaron a ser propiedad de la nación. La antigua Casa de Solórzano fue arrendada primero al general de brigada Pedro Zaraza, y posteriormente, en 1826 al general Francisco Rodríguez del Toro, Marqués del Toro, quien la ocupó el 26 de septiembre de ese año. Fue entonces cuando comenzó a ser conocida como "Quinta de Anauco".
El Museo de Arte Colonial de Caracas tiene su sede en la Quinta Anauco. El museo fue fundado en el año 1942 por el Dr. Alfredo Machado Hernández y trasladado a este recinto en el año de 1961. Debido a lo hermoso de esta quinta colonial y a su contenido, éste es uno de los museos más encantadores que posee la ciudad de Caracas.
A partir de entonces, el inmueble fue conocido con el nombre de "La Casa de Solórzano", donde además de utilizarla con fines de recreo, Don Juan Javier tenía allí una huerta, algunos animales y una siembra de café. La casa fue dejada en testamento a su esposa María Gerónima de Tovar y después de su fallecimiento a su hijo, Miguel Mariano Mijares, quien la utilizó como casa de campo, residiendo en ella durante las pascuas, festividades y como refugio durante las epidemias.
A raíz del reestablecimiento del gobierno patriota, en 1821, la familia, temiendo por su seguridad personal, emigró a la vecina isla de Curazao. Según ley dictada entonces, los bienes fueron secuestrados y pasaron a ser propiedad de la nación. La antigua Casa de Solórzano fue arrendada primero al general de brigada Pedro Zaraza, y posteriormente, en 1826 al general Francisco Rodríguez del Toro, Marqués del Toro, quien la ocupó el 26 de septiembre de ese año. Fue entonces cuando comenzó a ser conocida como "Quinta de Anauco".
El Museo de Arte Colonial de Caracas tiene su sede en la Quinta Anauco. El museo fue fundado en el año 1942 por el Dr. Alfredo Machado Hernández y trasladado a este recinto en el año de 1961. Debido a lo hermoso de esta quinta colonial y a su contenido, éste es uno de los museos más encantadores que posee la ciudad de Caracas.
Aun cuando el museo se encuentra enclavado en plena ciudad, desde la propia entrada se puede disfrutar de la resplandeciente flora del lugar, de los caminos empedrados, del sonido de los pájaros y de todo el ambiente que remonta a la época de la construcción de esta espectacular quinta de finales del siglo XVIII.
Dentro de la casa se pueden apreciar distintas muestras del arte colonial tanto de Venezuela como de los países más importantes dentro del ámbito cultural de la época. Aquí se pueden observar entre otras cosas: Carruajes con los cuales transportaban a los personajes, Figuras religiosas, Muebles de la Escuela de Marquetería de Caracas, Oratorios, Pinturas de diversos artistas, Tallas, Bibliotecas, Escritorios, Platería y Porcelana; además de un sin fin de objetos pertenecientes período colonial.
Nos enfocamos hacia una obra que lleva por nombre “Tabernáculo de los Evangelistas con Crucifijo”, dibujada en óleo sobre madera de cedro por Juan Pedro López (1724-1787), tallada por el escultor Domingo Gutiérrez (1709-1793), y la tarja de plata dorada por el orfebre Pedro Ignacio Ramos (1739-1781). Elaborado en la 2ª mitad del siglo XVIII, entre 1770 y 1780.

Su pintor, el Señor Juan Pedro López, nace en Caracas en el año de 1724 y muere en el año 1787. Fue un pintor y escultor venezolano, considerado como uno de los principales artistas venezolanos de la época colonial, entre sus obras destacan Nuestra Señora de la Concepción (1771), pintada para la sacristía de la catedral de Caracas, y San Pedro, para el mismo templo.
Una vez que los ojos de Juan Pedro López se posaron sobre la luz, ésta a su vez posada sobre los lomos de los dulces membrillos y cerezas de su Extremadura natal, comenzó a pintar las series sucesivas de sus paisajes al natural y naturalezas muertas.
Esta obra fue elaborada en la época colonial, una era dividida en dos partes, la primera consistió básicamente en lo que se podría llamar La Conquista, es decir, la época de guerra contra los indígenas, fundación de ciudades y primer poblamiento. La segunda parte del período colonial, que fue en la que se elaboró esta maravillosa obra de arte, corresponde al desarrollo y población del territorio por parte de los españoles y negros y su mezcla con los indígenas. Venezuela para el siglo XVIII era una tierra de gente pobre, aunque esto cambiaría 50 años después cuando habría gran cantidad de familias criollas enriquecidas y ennoblecidas por haber comprado títulos de nobleza con la riqueza adquirida en el transcurso de esos años, y es a finales de este siglo cuando esta hermosa obra fue creada.

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